Sentir

 Sentir

La levedad  

en tus pasos,  

en cada bocanada,  

en el abrazo,  

en la memoria,  

incluso en el olvido.  


Una cura silenciosa, metódica.  

La serenidad de la pausa,  

la quietud del monje,  

las nubes celestes que pasan sobre mí sin detenerse.  


Debajo, nosotros: diminutos,  

buscando, buscándonos,  

a nuestro ritmo y sin rumbo,  

como quien avanza por intuición.  


Dilatar el tiempo  

para vivir más,  

para amar más,  

para reír más.  


Impoluto y firme,  

me regocijo en el absurdo,  

en la consciencia de lo que es,  

sabiendo que ignoro más de lo que alcanzo.  


Alimento el deseo de saber,  

de conocer, de crecer, de ser.  

Sonrío cuando un misterio se disipa  

y también cuando nace otro,  

como un resplandor que se abre paso  

en cada respiración consciente,  

como si volviera a casa.  


Increíble capacidad la del hombre:  

ser hogar, ser refugio, ser posibilidad.  

Lleno de temores, de angustias, de ilusiones,  

pero aún así erguido.  


¿Cambiar el mundo?  

Demasiada ambición.  

Relevar el cargo, quemar las barcas,  

huir para tener otro día  

y seguir luchando.  

Perder muchas veces para ganar.  


Así me siento.  

Así siento.  

Cauteloso, expectante,  

como quien sabe que el próximo paso  

puede ser una revelación o una ruina. 







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