Ni el uno, Ni el otro



Me preguntaron un día, ¿Van Gogh o Monet? Mi cabeza, como es de esperar comenzó a calentarse, aunque con características similares, cada uno tiene su propio lenguaje, Monet fundador del impresionismo, Van Gogh postimpresionista, de aquella interrogante dulzona, ¿cuál "es mejor", "cuál me gusta más", cuál es "mi favorito ", a cual escoger? que difícil respuesta…


Cada quién tendrá su favorito, Van Gogh es tendencia, con su noche estrellada por doquier, en mochilas, protectores de teléfonos, en el baño, en la sala, en el tren, el pintor recordado por su oreja, un grupo músical y hasta en reels simplones con pedagógicas frases que posiblemente nunca pronunció, un maestro, un genio "tocado por las musas", el pobre mendigo que murió sin ver el reconocimiento que sus obras alcanzarían (incluso se convertirían en algunas de las más caras y codiciadas del mundo), creó los matices vanguardistas más hermosos que hayamos visto, sus paisajes coloridos, sus rostros desbordantes de sentimientos, empastes enérgicos de acuarelas y pigmentos que parecen esculpidos sobre el lienzo, el color como lenguaje, emocional, vibrante y casi violento, sus historias, y hasta su propia vida cargada de simbolismo, un pintor increíble, introspectivo, emocional y atormentado, pero también un pobre diablo, moribundo y hambriento. Lo elegiría si me pidieran un hombre que rompió con la academia, con la historia, que marcó un hito en la travesía pictórica, haciendo recordar muchísimos años después a gente que no tiene la menor idea del tema, quién fue ese tal Van Gogh cuyas obras van plasmadas en utensilios diarios como recuerdo estético, como un simple adorno que da color y brillo a sus aburridas y rutinarias vidas, su huella, su signo y su historia recorren el mundo entre nosotros de forma silente.


De Monet aún queda mucho por aprender, por hablar, por escribir, este artista introspectivo y sereno está relegado al espacio contiguo, poco sabe la gente, la gente común, sin embargo, de lo bueno poco, un tipazo, sensible hasta los tuétanos, sus pinceladas pequeñas y repetitivas, sus obras llenas de pura luz, capaces de captar la belleza más impresionante e imponente de la naturaleza. Contemplar a Monet es conectar con lo más íntegro del espacio, del universo, sus obras son un enlace directo a la quietud, una bocanada de aire fresco, estar frente a la calidez de sus paisajes es simplemente mágico, poder experimentar esa sensación, esa conexión con su pincel, con ese árbol medio difuso, con esas nubes que se desbordan, con esas flores movidas por la luz, me hacen pensar que este hombre, debió tener el poder absoluto sobre la realidad y sus elementos, es decir, el dominio total sobre la materia, es de aquellas cosas que solo pasan una vez, exquisitas, únicas, absolutas, excepcionales, y aunque sus creaciones no estén por doquier, aunque no las veamos masivamente en bolsos y trenes, su magia y su misticismo se resguarda colgado en un rincón esperando que un espectador acuda a su espectáculo, en silencio y en complicidad para ser contemplado.

La obra de Van Gogh parece gritarnos desde el lienzo, hay una urgencia emocional que va más allá de la técnica: es como si el color y la forma fueran lenguaje puro, sin filtros.
Monet, en cambio, es como una sinfonía suave, sus obras te envuelven en calma, en contemplación. Él te invita a mirar, Van Gogh te obliga a sentir. 


Aunque sus obras dialogan entre sí en museos y libros de arte, sus caminos nunca se cruzaron cara a cara. Es como si hubieran pintado en habitaciones contiguas sin abrir la puerta. La influencia de Claude Monet en Vincent van Gogh fué profunda, indirecta y más estética que filosófica. Van Gogh no imitó a Monet, pero sí lo absorbió como un catalizador para transformar su estilo, en pocas palabras, Monet le abrió la puerta a Van Gogh para que el color y la luz fueran protagonistas, pero Van Gogh cruzó esa puerta con una intensidad emocional que lo llevó más allá del impresionismo, hacia el post-impresionismo.

En definitiva, es como comparar una meditación con una tormenta eléctrica, ambos son poderosos, pero provocan cosas distintas: Monet pintaba lo que veía, Van Gogh lo que sentía.

Finalmente, creo que en mi respuesta a la pregunta inicial, escogería a Monet por el manejo de los elementos naturales, logrando alcanzar así una serenidad visual única, capaz de transmitir belleza sin igual, por eso quizá sea mi favorito, no obstante, Van Gogh es un mago que con sus pinceladas atrapa a los sentidos como si de un amarre estético se tratase, restregandole en la cara a un ingenuo mortal como yo la enseñanza más suprema:
En la experiencia estética todos somos iguales, incluso ellos; los dioses del arte...









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