Relatividad
Han pasado ya varios días sin tener disposición para escribir, mi vida últimamente discurre entre trabajo y descanso, llegar a casa luego de un maratónico día, tomar un bocado, darme una ducha y compartir algo de tiempo con la gente que amo, acostarme hasta el día siguiente que parece repetirse incesantemente, excepto por los días libres o “de recuperación” como les llamo.
En incontables ocasiones me cuestiono ¿qué sentido tiene?, y no me refiero al de la vida, sino al hecho de vivir, sobre todo, supeditados exclusivamente al tiempo, en una ocasión observé en un bello reloj de pedestal la inscripción "Tempus fugit" esa frase me quedó dando vueltas hasta el día de hoy.
La metáfora del “tiempo que vuela” nos dicen diversas fuentes, es una locución latina que hace referencia explícita al veloz transcurso del tiempo, según parece deriva de un verso de las Geórgicas del poeta latino Virgilio que dice exactamente: «Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus» (Pero huye entre tanto, huye irreparablemente el tiempo).
No obstante, desde la -certeza- de esa locución he visto situaciones que parecen no encajar del todo, específicamente en los momentos de calma, de goce y placer absoluto, en esas ocasiones -mi tiempo- o 'el tiempo' parece sencillamente “no existir” o digamos más bien "no importar", quizá tenga que ver con lo relativo, por ejemplo, ahora mismo voy acá, en un Subway a toda velocidad, sentado y sin inmutarme (demasiado), afuera todo se difumina por la rapidez, puedo ver a través del cristal como aceleramos segundo a segundo dejando atrás estación tras estación, es decir, mi espacio y mi tiempo entrando en catálisis por una máquina.
El manifiesto futurista de Marinetti del siglo pasado hacía apología a las máquinas, señalando “Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una nueva belleza, la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo… un automóvil rugiente, que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia” .
No obstante, siempre examino en formas de dilatar el tiempo, de retrasarlo, de ralentizar su velocidad, de no precipitarlo, por momentos me parece imposible, quizá por el hecho que la mayoría de las cosas y de nuestras actividades están diseñadas como grandes devoradoras de tiempo, en 26 minutos he recorrido 14 estaciones, en este transcurso veo de forma intermitente la hora en mi reloj, me preocupa mi llegada -a tiempo- al trabajo, cumplir con el compromiso, pero, ¿y si no llego? ¿Qué pasará cuando estoy suceda? (porque sucederá en algún punto), cuando me quede sin tiempo, sin -mi tiempo-... Probablemente nada, o digamos -nada suficientemente malo- como para llenarme de innecesaria ansiedad, de momento todo continúa.
Vivir en el presente.
“¡Nos encontramos sobre el promontorio más elevado de los siglos!… ¿Porqué deberíamos cuidarnos las espaldas, si queremos derribar las misteriosas puertas de lo imposible? El Tiempo y el Espacio murieron ayer. Nosotros vivimos ya en el absoluto, porque hemos creado ya la eterna velocidad omnipresente” nos expresaba Marinetti, ahora mismo solo quisiera estar a la orilla del mar, escuchando el vaivén de las olas, disfrutando de la brisa que humedece con sutileza mi rostro, sin importarme cómo, ni dónde, ni el ayer, ni el mañana, viviendo solo eso -vivir-.
Por fortuna, sé que llegará el momento, como han de llegar irremediablemente todos, incluso los que jamás imaginamos, porque así es nuestro fugaz e insaciable viaje, un devorador de todo lo que acontece, resistirnos es por tanto ir en contra de nuestra propia naturaleza, tal vez lo mejor (o único) que podemos hacer es simplemente marcar el ritmo sin oponernos o forcejear, dejarnos llevar por el compás de "nuestro tiempo" que, para bien o para mal, algún día llegará con solidez a su fin y nos arrastrara junto a el a nuestro incierto destino.



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