Voladura.

Penumbra y miedo, 
 contractura de esperanza, 
péndulo del sueño y el delirio,
 mirada de lo ajeno, 
sombra que arrastra mentira y persuade almas,
 yo le llamo penumbra, 
pero esta noche le llamaré sombra
 por la estela derramada sobre la luz 
  La conciencia no alcanza, 
algunos le llaman pueblo,
yo diría títeres.
 Autenticidad del malestar, combustible de odio,  fundamentalismos, voladura de la historia
 capaz de aniquilar generaciones enteras, asfixiando sueños, planes y anhelos, 
conjugando pronombres yo, tu, el, ellos, aquel, aquellos, estos, nosotros, 
con;  mío, tuyo, de él, de aquellos, de nosotros,  arrogancia de una verdad rota y sin costuras: expuesta, prostituida y convertida en llanto
 nos alcanza a todos sin mediar.
Expectantes de un futuro convertido en sangre y lágrimas, 
 Espectro de poder, dinero y muerte, desde cualquier mirada, religiosa espuria, económica, bélica, política o artística.
 lo que el pueblo no conoce le condena, no importa ¿cómo?, ¿dónde? o ¿Cuándo?, 
acechándonos como a una zorra desgarrada,
 herida y moribunda allí sigilosa pero siempre presente
la maldita ignorancia condena incesante a los sueños y a los soñadores.
Y no nos importa, los titiriteros esbozan su macabra sonrisa mientras enamoran y atraen con el olor de sus palabras a las moscas deseosas, 
ellas como buenas perras arrogantes se creen con autonomía sin advertir el peligro.
Y sigue sin importarnos, 
la historia nuevamente humillada, arrojada y estrujada, 
así se mantendrá para siempre, 
en el fondo hombres, por no llamarles estúpidos, bípedos e implumes, como diría Platón, detractor de la ignorancia, discípulo de la luz, 
pero perra al fin, altanero destructor de cualquiera que se lo permita, 
Uróboros capaz de tragarse todo a su paso,
 así Platón, así el hombre, así su conocimiento, así su arrogancia, así su existencia, así nosotros; 
Perras insaciables a quienes el poder de la oscuridad les agobia, su ignorancia los rebasa, incapaces de discernir lo real de lo no,
 sabiendo o no sabiendo, voces silentes que en lo profundo de nosotros nos gritan a todo pulmón ¡despierta!
 La mirada perdida de una voluntad que ni siquiera nos pertenece, 
 Las ideas y sus sombras, 
los conceptos y las filosofías nos convierten en Hienas con catalepsia, 
poseídas por el terror de una oscuridad tan clara y real que pone en vilo a nuestra propia especie. Ignorancia le llaman ¿Acabará?, no lo sé.




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