Todos Somos Albert.

 

Lunes 21 de agosto, descendiendo las escaleras al Subway me consigo con una bonita imagen, una señora invidente y a su lado su fiel asistente, un lindo perro ataviado con un chaleco azul marino que señala en letras naranja “perro de soporte”.

La bella imágen me recordó la famosa frase "Mientras más conozco a los hombres más quiero a mi perro”, atribuida al filósofo alemán Arthur Schopenhauer, la razón quizá sea porque sintetiza a grandes rasgos su pensamiento filosófico y su “desprecio” al hombre, en realidad, esa curiosa frase se cree que fué pronunciada originalmente por el griego más harapiento y famoso de todos los tiempos, al que algunos llamaban de forma jocosa  "el perro", Diógenes era su nombre, exiliado de su ciudad natal Sinope, se trasladó a Atenas, donde se convirtió en discípulo y el más antiguo pupilo de Sócrates.

Cuentan que vivía en un barril y sus únicas pertenencias eran un cuenco que usaba de bacinilla para sus necesidades, un bastón, y una lampara que empleaba para ir buscando a la luz del día y entre la muchedumbre del mercado "hombres honestos".

 Diógenes el Cínico, quizá sea el único filósofo que vivió verdaderamente su filosofía, pasó de mirar a la cara al gran Alejandro Magno y despreciarle sus deseos por elegir antes los rayos del sol, a masturbarse en el Ágora para calmar su apetito sexual, señalando que "ansiaba poder saciar el hambre sobando su barriga de igual modo  como saciaba su necesidad sexual", hasta llegó a escupir la cara de un político cuando fué invitado a su hogar y no encontró otro lugar más sucio dónde poder hacerlo, éstas y muchas otras anécdotas le confirieron su actuar reaccionario y contestatario, de dónde se forja su curioso apodo "el perro".

Viviendo en la calle rodeado de perros, Diógenes creyó y confío más en ellos que en los de su propia especie, con esto, abrió las puertas a un camino filosófico cargado de reflexiones despectivas hacia la sociedad, que devino en un pensar atiborrado de mucha crítica social y en consecuencia, un ataque directo al establishment del momento.

¿Despreciaba a los hombres?, A lo mejor, o quizá sólo vio algo más allá de la superficie y la ilusión de lo que anhelamos ser, algo por encima de las convenciones sociales y estrictamente vinculado a la naturaleza de nuestras acciones.

Diógenes y la doctrina del perro.

La palabra "cinismo" viene del griego kynismos y significa "doctrina filosófica que sigue a Antístenes". Sus componentes son: kyon, kynos (perro), más el sufijo -ismo (doctrina)

El hombre y su existencia, han  sido preocupaciones que se centran en torno a dilemas y tragedias, en un sentido existencial de la vida real y no sólo con problemas filosóficos abstractos. Por ello, se dice que para Diógenes la filosofía tenía que ser estrictamente práctica, por lo tanto, vivió como quiso, como un perro callejero, mendigando, interpelando, causando ruido desde la inconformidad, soportando los embates de la intemperie, de los señalamientos y la burla.

 Pudiendo tenerlo todo escogió el camino de la austeridad para alejarse de las perturbaciones de la riqueza, y del poder, y con ello ubicarse a un lado de la moral y la ética establecida para el momento, siempre provocador  y subversivo,  fué una especie de "punketo" de la época, un filósofo capaz de crear toda una escuela de pensamiento e influir significativamente en el mundo de las ideas hasta nuestros días.

 -Ser- Nada o Todo

Los humanos amamos y odiamos, pero los horrores causados por la humanidad nos han traído más lamentos que glorias, allí, precisamente en su propia historia, radica la muestra ejemplificante de lo que también somos.

Pensar "al hombre" es pensarnos desde lo esquelético, desde lo histórico, desde el horror, y desde la molestia que es capaz de causar y vivir, así como Diógenes pregonó la revuelta del -ser social- y se despojó de toda idea de moralidad para desenmarañar su filosofía, nosotros podemos simultáneamente pensar al hombre desde -sus errores y horrores- lo que nos brinda la oportunidad de deslastrarnos de sus virtudes y alinearlo con su lado más irracional y absurdo, en pocas palabras; un hombre más grotesco, pero también más real.

Colectivamente se especula siempre sobre las oportunidades de vivir vidas felices, pacíficas y abundantes, esto es viable solo en ciertos momentos y lugares, o en vidas particulares,  debido a que, del mismo hombre provienen también horrores que incluso podrían desafíar nuestro crédito o imaginación, por esa razón, pensarnos desde  -el horror- que somos capaces de causar, hace difícil vislumbrar un realismo moral, estético o religioso, contrariando además con su condición de existencia, su búsqueda de paz y  plenitud.

Pero, ¿qué mueve ese -horror- en el Ser humano? Inicialmente si tratamos el “Ser” como un ente, cómo energía canalizadora de todo lo que nos permite encausarnos en lo que somos, o en potencia de lo que podemos llegar a ser, veremos qué se trata de una entidad compuesta de algo indivisible e indisoluble, es -unidad-, en tanto que “Ser humano” es axioma de lo que fuimos, somos y seremos, incluyendo a nuestra concepción del mundo, sus ideas, sus gustos  y por supuesto de su propio actuar.

Por ese motivo, al abordar un “Ser individual”, por ejemplo; la singularidad de Juan, Pedro o María desde la unicidad con la entereza del “Ser universal”, o en este caso el “Ser humano”, es determinante, para que se manifieste y evidencie la diferencia y la distinción entre el actuar con los demás seres.

Ese “Ser generalizado”, “Ser Humano” o “Ser Absoluto” resulta de la conjugación de todos y cada uno de los "Seres individuales", es decir,  la multiplicidad de muchos -Seres-, no alterables, no limitables, no indisolubles, que construyen y determinan al Ser del siguiente nivel, por ello, referirnos a un -ser malo- o un -ser bueno- sería una forma simplista de reducir -la entidad inferior- subordinada a un -Ser colectivo- como absoluto, en pocas palabras: una simple nimiedad.

Instintivo o no, esa jerarquía modela irrestrictamente nuestra presencia, derivando en que nuestra propia existencia esté configurada bajo ese paradigma del  “Ser para -no-ser”, o la negación a la afirmación, es decir, el absoluto negándose a sí mismo, -una contradicción- del propio ser individual limitado por su caducidad y dependencia de un Ser colectivo, o sea, una entidad que nace para morir.

Entendido de esa forma, preservar la vida (alejándola de la muerte) es la lucha originaria de todo lo que posee un Ser, y que, al estar atado y supeditado a un ser absoluto involucra incluso la naturaleza de su propio horror, de la crueldad y del dolor.

Pensadores como Diógenes señalan que, es precisamente esa presencia predominante sobre el mal, la que le condiciona el sentido al propio Ser humano, acercándolo al error de la existencia y al horror de la tragedia, despojándole así el sentido luminoso a su propia presencia, bajo esa impresión de  -no sentido- Schopenhauer el padre del pesimismo filosófico enfatizó en el Ser,  por el hecho de escudriñar en lo real y en el absurdo, al exponer con minucioso detalle el teatro del mundo y sus obras.

 Schopenhauer vivió para aprender y exponer,  es casi único en la historia intelectual por su abierto ateísmo, misoginia, misantropía  “La vida es sólo la muerte aplazada” escribiría, el contenido de su pensamiento es una postura radical contra el sentido de la vida estrictamente, se habla de pesimismo por su visión sobre el mal, pero sobre "el mal causado por el hombre" que según es también -su propia naturaleza-, dado que sus acciones logran opacar la luz de su propia efectividad.

 Un poco radical o quizá demasiado real, como se le quiera ver, lo cierto es que, la conducta del hombre individual supeditado a ese -Ser humano- ha dejado mucho para pensar, su actividad autodestructiva, su violencia creadora, la vorágine de lucha y su irrestricta ambición lo han puesto en el tope de la cadena por la supervivencia y en una posición de caos dominante.

Las preguntas fundamentales son, ¿es esa maldad realmente natural?, venimos así de “fábrica”, o es la continua exposición a ideas que nos adiestran e instruyen para el mal, la respuesta posiblemente la tenga John B. Watson, padre del conductismo, un personaje repudiado por su falta de ética y moralidad, quien en 1920 realizó un experimento llamado «Little Albert» o «Pequeño Albert», en resumen, se trató de  experimento salvaje en el cual intento probar con un bebé que las fobias pueden ser condicionadas y aprendidas. El investigador y su ayudante Rosalie Rayner, encontraron a Albert en el orfanato para niños inválidos, cuando comenzó con el ensayo su objetivo era probar en un bebé de escasa edad y lo menos condicionado posible, cómo el ser humano podía adquirir miedos por entornos condicionados, después trasladar estos miedos a otros estímulos, y por último intentar corregirlos. Lo malo es que, nunca logró revocar los efectos de aquellos miedos que inoculó al bebé. Los resultados fueron realmente abrumadores, creó traumas irreparables en el niño y con esos resultados despertó reflexiones en la psicología y sobre todo en la filosofía.

Somos lo que nos hacen ser, pudiera ser la conclusión, mientras más se conoce el horror del hombre más nos distanciamos de él, como Diógenes quizá terminemos vinculados con seres de otras especies antes que con la nuestra, lo cierto es que, la tradición y los antecedentes históricos no dan muy buena referencia.

No se sabe a ciencia cierta cómo o cuando comenzó todo este experimento del Ser Humano, tampoco dónde se inóculo el mal y se causó ese trauma primigenio, ese posible -error inicial-, que nos ha traído hasta acá, lo único cierto es la incertidumbre inquietante de no saber el destino de los Seres Humanos y el sentido originario de la vida,

Finalmente, en el teatro del mundo, como decía Calderón de la Barca,  la doctrina de un "perro",  la compañía del sabueso que entrega todo su -Ser- a la bondad de su compañera invidente, que me recuerda al Diógenes subversivo que cuestiona la existencia y el sentido del hombre,  junto a la postura de Schopenhauer que afirma el error de su existencia, o al pequeño e inocente Albert sometido a experimentos poco éticos para comprender mejor nuestras acciones, indistintamente de cómo se piense, el SER HUMANO quedará resumido para la historia en una frase de Unamuno que leí hace tiempo:

“El hombre de carne y hueso; el hombre que nace, sufre y muere, sobre todo, quien muere; el hombre que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere; el hombre que es visto y escuchado; es el hermano, el verdadero hermano.”





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