Máximas délficas

¿Tenían razón Los griegos?


Gnothi Seauton fué una de las máximas délficas o de los también llamados Mandamientos Délficos, una frase ambigua que, bajo la determinación griega, señalaba el camino para llegar a ser un hombre cabal.

En Griego la frase Σαυτὸν ἴσθι,  se encontraba tallada en el dintel del templo de Apolo, en la isla de Delfos, y marcaba la entrada, es decir, el punto de iniciación entre lo sagrado y lo profano, señalaba el límite con lo humano, siendo una especie de mandamiento, un trabajo odiseico y un camino difícil de ejecutar por los mortales; ir a un borde de la vida, mirándonos en retrospectiva y con agudeza, un volvernos a dentro, para alcanzar así un nivel de conocimiento superior o elevado.

 -Conócete a ti mismo- fué guía indiscutible del quehacer en la antigüedad clásica,  y es en la actualidad de un mundo convulso e individualista como el que vivimos, meritorio ahora de prioridad, conocernos a nosotros mismos implica la potencialidad  de -ser consientes-, para comprender nuestros alcances y nuestras limitaciones, logrando dominar en consecuencia a nuestros instintos más salvajes y poniendo en equilibrio nuestra permanencia con el entorno.

Originalmente, para los griegos la palabra -conocer- se subdividía, en dos acepciones Oida οιδα y Ginosko γινωσκο (sustantivo de gnosis). La primera, estaba relacionada con "ver", es decir orientada a la "percepción" y/o  el "conocimiento absoluto", se refiere al hecho que, una vez que se conoce algo, se conoce definitivamente; no se le puede agregar nada. Y la segunda, Ginosko (gnosis) denotaba “conocimiento naciente y continuo”. Se refiere a lo que hacemos al abordar cualquier elemento para su comprensión incesante y continua, en griego antiguo tenemos además  la palabra -episteme- que también indica a simples rasgos conocimiento o ciencia.

Por su parte, la Real Academia Española, nos indica que la palabra -conocer- proviene del latín cognoscere (conocer, completamente) compuesta con el prefijo -con- (unión, todo, junto), como una concepción, en términos generales podríamos decir que conocer es comprender en profundidad la complejidad de un todo, sin embargo, hoy día a pesar de la abundancia de herramientas de la información que tenemos al alcance, el sentido de -conocer-, quedo relegado a un espacio contiguo, desplazado por la superficialidad, la distracción, la rapidez y la vacuidad de nuestro mundo actual.

“Conocernos a nosotros mismos”, era para los griegos un síntoma de sabiduría,  ya que controlar la mente y el cuerpo, es una herramienta  capaz de domar a nuestra "bestia interna” o sea una especie de "honda del David", que permitía encontrar la sintonía entre humanidad y bestialidad. En pocas palabras, un deber-ser indisoluble con lo humano, y con lo cotidiano, pero ¿Cómo lograrlo? O mejor dicho ¿Cuál es el camino?.

Como hecho hermenéutico, podría decirse que la meditación nos aproxima a estados elevados de conciencia, ubicandonos en concordancia y armonía con el entorno, y no hablamos de la meditación -mal difundida- a través del FOMO mediático o del mainstream, no se trata de simplemente sentarnos con pies cruzados y manos juntas recitando mantras, ni de cerrar los ojos poniendo en blanco nuestra mente.

Por el contrario, hablamos más bien del despertar la conciencia a traves  del conocimiento y su estimulo; pensar, observar, analizar, escuchar, y cuestionarnos, para así, agudizar nuestros sentidos, y sujetarnos con firmeza a las herramientas neurológicas que nos permiten ver el reflejo  de nuestro -yo interiorizado- y -re-conocernos-, comprendernos desde la complejidad del individuo y su vinculación con un todo, con el espacio y el tiempo ocupado, con su integridad y su corporeidad.

Bajo la premisa de ese re-conocimiento inicia en el hecho de pensarnos, de vislumbrar cada herida,  cada cicatriz, cada amor, cada acto de furia, de enojo, de inconformidad, pero adyacentes siempre a nuestras potencialidades, nuestras capacidades y nuestros agrados, de deducir y comprender bajo la enseñanza del propio acto, el don de profetizar el desenlace de nuestras acciones y hazañas, el poder del control de nuestros impulsos, de entender la reacción a cada acción, de asumir la capacidad que tenemos para deducir un resultado antes del acontecimiento, de adelantarnos, de intuir, de esa especie de matemática incomprendida que nos permite entrever resultados -buenos- y -malos-  basándonos en la probabilidad de éxito más alta  y con ello poder tomar la decisión más conveniente y menos destructiva.

Tomar el control de nuestra vida.
Históricamente se nos han mostrado infinidad de caminos, religiosos y filosóficos, guías que revelaron distintos rumbos, aparentemente todos quieren conducir a un mismo destino; tratar de comprender el sentido de nuestra existencia, sin embargo, ha sido imposible y retador.  
El camino del Conocernos a través de la reflexión constante, es un ejercicio del pensar griego,  una filosofía que podría cambiar el rumbo maltrecho de la humanidad, un trabajo arduo que despertaría la conciencia en miles de individuos, permitiéndoles conocer sus fortalezas y debilidades, puede que, quizá ese sea el objetivo final de una meditación real y práctica, y el punto culminante para lograr entender y poner en armonía a nuestra efímera existencia. Es decir: la realización más absoluta de todas.  ¿Lo lograremos?.




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