El mejor día de todos.

 

La primera, la del medio, la tercera o la última,

siendo única entre las cuatro.

Tu nombre; 3 sílabas y 5 palabras,

Mística, Mágica, Joven

Eterna y Ensueño.

 

Coronada de blanco cual novia

Aguardas con quietud al amor,

Algunos te veneran,

Otros te prostituyen,

Pero en tu ingenuidad nunca el mal...

 

Hija, madre, abuela,

Por tus longevas cicatrices y heridas

Pocos o muchos hemos caminado,

amándote u odiándote.

Pero tú, con amor nos pagas.

 

Educando con pasión y frialdad,

destilas arte, también cultura,

humildad y nobleza,

inundando de nostalgia

a los que en tus brazos resguardaste.

 

-La de los caballeros- te llaman,

Pero allí tu cuerpo,

lastimado por el tiempo y la decidía,

Cuerpo que espera ser amado,

mimado, valorado y respetado,

te pedimos perdón.

Como en el credo

¡Perdona nuestras ofensas!

 

En ti habitamos,

Bebimos, comimos

Sonreímos, lloramos

Amamos y odiamos

En cada esquina, 

Y en cada milímetro de tus empedradas calles.

 

A ti amada mía

Implorando misericordia,

Acude un hijo que

Recorrió tu sinuoso cuerpo

Entre montañas y valles

con el respeto que 

la dama más bella de todas merece.

 

A ti amada mía,

Que me brindaste la paz que ninguna otra me dio,

A ti que, ajena al mundo, me permitiste ser como soy,

A ti amada, que distante y entre sollozos

todavía siento un nudo cuando me preguntan tu nombre,

Y cabizbajo lo enuncio,

a ti te doy gracias.

 

A ti,

 única de entre tus 24 hermanos,

Digna representante,

Digna de admiración, 

Digna de respeto,

Digna.

Mujer valiente,

Mujer histórica,

Nosotros tus hijos

Regados por el mundo

No te olvidamos.

 

Mérida cómo olvidar tu amor.

Blanca y eterna, Verde y Montañas,

Azul ríos y cielos,

Bucólica neblina,

La más culta y educada de todas,

Pocos lo entenderán,

¡Dichosos quienes lo hagan!

 

Con melancolía te digo ahora,

Perdona la ausencia,

Tarde o temprano

Como el hijo pródigo

Volveré a casa.

A tus brazos,

A tu abrigo,

A vernos sonreír,

 recostados sobre un sillón,

Con una taza de peltre humeante en mi mano derecha

Y un trozo de pan en la izquierda,

Contemplando tu majestuosa grandeza

Gritaré sobre el eco del valle

¡hoy es el mejor día de todos!




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